Sos bueno, pero en Google no se nota. Tu ficha tiene pocas fotos, horarios viejos o una categoría que no es la tuya, y en el mapa aparece primero otro consultorio de la cuadra.
El que busca no te encuentra en las IA. Cada vez más gente le pregunta a ChatGPT, a Gemini o al modo IA de Google «¿qué dentista me recomendás en Caballito?». Si tu información no está clara y coherente en la web, el mapa y los directorios, no te nombran.
La recepción vive en el WhatsApp. «¿Atienden por mi obra social?», «¿tenés turno para el jueves?», «¿dónde queda?». Las mismas preguntas, todo el día. Y los mensajes de la noche se contestan a la mañana siguiente.
Los turnos se pierden en el camino. Pacientes que se olvidan, huecos en la agenda que nadie llega a ofrecer, una planilla que solo entiende una persona.
Situación típica: un consultorio odontológico de dos sillones donde la secretaria pasa la primera hora del día confirmando por WhatsApp los turnos de mañana, uno por uno.